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Otto von Bismarck dijo una vez: "Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido".

No le sobraban motivos ni le faltaba razón, pero esas palabras tienen más de un siglo, ahora todo es muy distinto.

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Ayer se cumplieron 40 años de nuestra nefasta Constitución. Sí, NEFASTA sin paliativos. España en el 78 era una nación unida, próspera y conciliada por más que nos hayan mentido los políticos. Al margen de una docena de gañanes analfabetos y rencorosos, la sociedad civil estaba conciliada. Se vivía en paz, prosperidad y libertad aunque no se eligiese al jefe del estado y los LGTBI no pudiesen pasear con el rabo al aire mostrando sus flácidas nalgas por la Gran Vía a las 12 del medio día. No había terrorismo, no se encarcelaba a homosexuales por ser homosexuales, los niños jugaban en las calles sin miedo porque no había drogas, ni delincuencia, ni pederastia… Había ley y orden y el delincuente sabía que pagaría por sus crímenes; había pleno empleo, seguridad en las fronteras, etc. Son datos. 

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Así el imperio humanista de concepción cristiana que proveniente de la cultura clásica, produce sociedades justas y armoniosas con ciudadanos libres, que no deben en ningún caso renegar de su origen, raza, cultura, patria, aún siendo ciudadanos de un imperio,  como describe tan perfectamente Erasmus Darwin.

 La criminal sinarquía que hoy nos venden como “globalismo” o “gobierno mundial”, tras siglos de mercadear con seres humanos como si de ganado se tratase de un continente a otro según sus intereses: repoblación blanca anglosajona protestante de Norteamérica en la colonización creando hambrunas y disturbios en Europa para incentivar la emigración, traslado de africanos para usarlos como mano de obra esclava y posterior elemento de enfrentamiento social, provocación de la guerra de Vietnam para sustituir la joven élite de blancos protestantes por los suyos; guerras mundiales, cracks económicos y decenas de atrocidades más e ingeniería social, técnicas de manipulación de masas mediante drogas, música, cine, pornografía, atentados de falsa bandera, etc, etc., engendrará lo que se denomina "ciudadanos del mundo".

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Vaya por delante que este artículo es, además de un texto con mi personal opinión, una respuesta directa a un tal José González (a quien no conozco más que de haber leído la bazofia repugnante a la que con este escrito daré mi respuesta), aprovechando para decirle que él no es un patriota, no, en absoluto; y por lo que leo, ni siquiera puedo suponerle una buena persona.

Para que entren en antecedentes sobre mi insignificante persona quienes nada sepan de mí (la mayoría de los seres humanos que pueblan la tierra, exceptuando mi familia o quien haya podido leer algo de lo que escribo esporádicamente), advertiré de que, de no haber caído de modo casual en Twitter hace escasos dos años, yo estaría hoy en primera fila aplaudiendo de modo entusiástico a Santiago Abascal y toda la panda de traidores farsantes que le rodean.  Es más, con cierta vergüenza confieso que lo hice en alguna ocasión en sus primeros mítines. Pero puso la Divina Providencia en mis manos la oportunidad de conocer la realidad del mundo que nos rodea; y, una vez que uno ha tomado la famosa “píldora roja” que te descubre que cuanto te rodea no es más que una siniestra farsa, donde unos pocos controlan absolutamente todo y manipulan el mundo (clima, alimentos, dinero, prensa, hasta tu pensamiento es modelado por ellos) ya no hay marcha atrás.

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El imperio sinárquico está concebido como arma de dominación y como negocio. Para obtener rentabilidad de su conquista, la sinarquía debe neutralizar cuanto se oponga a la utilidad del territorio conquistado tanto a nivel territorial como individual, personal.

 El principal enemigo de este imperio sinárquico que planea desde siglos el gobierno mundial, no es otro que la cristiandad, esa doctrina revelada que religa al hombre a Dios y a la eternidad, alejándole del materialismo al que la sinarquía sirve y mediante el cual esclaviza a la humanidad. Así la perseguirá sin descanso desde sus orígenes y logrará dinamitarla, dividiéndola gracias a la herejía de Lutero. Su siguiente objetivo fue el imperio humanista español, opuesto a su usura y métodos genocidas, que logró destruir gracias a esa hidra llamada masonería, financiando y colocando a sus agentes en cada provincia de América perteneciente a la corona española, en contra de los deseos de aquellos indígenas (hasta poco antes sumidos en la edad de piedra y esclavizados por bárbaras y decadentes culturas como incas, mayas o aztecas) y criollos que ya eran prósperos españoles.