Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Resultado de imagen de cup puigdemont

Aunque la izquierda lleva dos décadas haciéndole la ola al nacionalismo asumiendo que han sido el desdén, la dureza y la incomprensión de Madrid lo que ha generado el anhelo de independencia catalana, tal especie no es más que el clásico regurgitar de tópicos propio del imaginario progresista.  

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Resultado de imagen de blanquerna manifestacion

Mientras que en España se liberan asesinos, violadores y criminales, mientras se permiten conductas sediciosas y rupturistas y mientras se mantiene a gobiernos autonómicos desleales que ponen en juego nuestra convivencia, se encarcela a ciudadanos por decir lo que pudiera parecer una obviedad “catalanidad es Hispanidad”.

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

 

Lo peor de algo que salió mal, lo peor de una enfermedad, es cuando no se desean reconocer los síntomas del enfermo, los síntomas de la enfermedad. España contrajo una enfermedad que, por falta de higiene, y posiblemente con medidas muy sencillas se podría haber atajado, no hubiera pasado de lo anecdótico, no hubiera pasado de un mero resfriado.

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Lo que se pretende sugerir de este modo es que la ausencia de representatividad de los yihadistas no se debe solo a su carácter criminal, sino a que las sociedades musulmanas no apoyan siquiera los objetivos –no ya los medios- del radicalismo.

De este modo, se aísla el fenómeno terrorista de su matriz y se consigue el resultado deseado: romper el cordón umbilical que une ambos, lo que alimenta la idea de que los yihadistas no son verdaderos musulmanes, ya que el islam es una religión de paz.

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado

Resultado de imagen de atentados manos cabeza

Las naciones europeas se han forjado a lo largo de los siglos no sin dificultades, pero de su superación han hecho virtud y, en general, han adquirido la rara manía de considerar que la unidad es el primero de los bienes políticos a preservar si quieren tener un futuro. Reflejo de ese pasado, y pretexto para la invocación de un porvenir mejor, las viejas y jóvenes –que de todo hay- naciones europeas exhiben sin pudor sus aspiraciones colectivas a través de las liturgias compartidas.