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Desde que en 2007 se publicó el ensayo de Nassim Nicholas Taleb titulado "El Cisne Negro. El impacto de lo altamente improbable" en muchas tertulias de expertos todólogos internacionales, marisabidillas redichas, pedantuelos complacientes y enteradillos de alquiler, el término "cisne negro" suele salir con cierta frecuencia para referirse a sucesos de gran trascendencia que han tenido un origen inesperado e inevitable.


Ejemplos de cisnes negros serían, por ejemplo, el éxito de You Tube, los cambios en nuestra forma de comunicarnos por el auge de la telefonía móvil, la influencia de las redes sociales y cosas así. 
 

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Las cosas van pasando hasta ahora de forma amable y con buen humor. Quedan muy pocos, por razones lógicas de edad, de los que vivieron tiempos difíciles, guerras, posguerras, hambre, enfermedades y demás durezas. A los que hoy poblamos Europa en general y España en particular nos ha tocado vivir, gracias al esfuerzo de los que lucharon en tiempos peores, una bonanza y tranquilidad clorofórmica.

Cuando no se esperaba y menos de forma tan rápida, nos ha llegado una situación que más que difícil es extraña. La docilidad y ñoñería que el sistema democrático ha fabricado, de momento funciona porque han pasado pocos días desde “el toque de queda y el estado de guerra“.

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Estamos viviendo tiempos revueltos. Tiempos en los que la ineptitud y traición hacia una gran Nación como es España por parte de una clase política es lo acostumbrado, pero a todo esto se ha sumado una situación bastante extraña originada por un virus cuyo origen no se sabe si algún día conoceremos.

El ambiente generalizado también es extraño, apocalíptico. Todos estamos muy, demasiado, informados y como consecuencia la sociedad parece muerta de miedo; Miedo a la enfermedad, miedo a sufrir, miedo a la muerte.

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Más de uno cuando haya leído el titular de este artículo habrá pensado en la película de Regreso al Futuro y el famoso “Condensador de Fluzo” necesario para viajar en el tiempo, pero la verdad es que esta crisis del Covid-19 no sólo nos va a quitar a muchos de nuestros seres queridos y poner en riesgo la salud de otros muchos, sino que amenaza seriamente con devolvernos a la situación económica de finales del siglo pasado, pero con las deudas y los gastos de 2020.

Esto, que a priori pudiera parecer algo catastrofista, no está ni mucho menos alejado de la realidad, si la actual situación se alarga en el tiempo más allá de un par de meses puede llevar al traste con el crecimiento económico español de las últimas dos décadas.

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En los últimos días de Franco, cuando desde logias, comités centrales y consejos de administración ya se estaba fraguando aquel gran tocomocho que dieron en llamar "la Transición", hubo una frase que hizo fortuna entre los jerifaltes del régimen agonizante -la mayoría de los cuales estaban muy ocupados cambiando de bando, de chaqueta y de discurso- para responder a la preocupación de una población que aún no sabía lo que se le venía encima.