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Llegan otras elecciones y de nuevo vuelven las dudas y hasta las discusiones entre camaradas u otros compatriotas que no se identifican en absoluto con el sistema (algunos, como yo, lo aborrecéis y pensáis que hay que derribarlo cueste lo que cueste), de si presentarse o no al circo electoral y de si acudir a votar o no el día de la siniestra fiesta de la democracia.

 

No pretendo con estas líneas convencer a nadie, pero sí argumentar mi posicionamiento en ambos aspectos, por un lado el de pese a no creer en “su democracia” y “sus elecciones”, presentar una candidatura totalmente contraria al sistema que queremos combatir, y, por otro lado, el de respaldarla con nuestro voto, aun sabiendo que las opciones de obtener representación electoral son prácticamente nulas, y digo lo de “prácticamente” porque soñar es gratis y uno es tan optimista como revolucionario, de hecho, una cosa lleva a la otra, y la otra a la una.

 

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Mi primera reacción ante la presentación de la candidatura falangista a las elecciones autonómicas de Madrid fue de escepticismo. Los que ya llevamos unos años soportando la periódica tramoya electorera de la partitocracia del 78 sabemos, por amarga experiencia, que todo el tinglado está montado de tal forma que es prácticamente imposible que una opción disidente tenga la más mínima posibilidad de éxito.

 

Los espacios electorales de las candidaturas opuestas al monipodio oficial son cuidadosamente relegados a horarios de mínima audiencia. La Cosa Nostra periodística, con su cerco de silencio -cuando no de calumnias y mentiras- a las opciones patriotas, hace que cualquier candidatura disidente que concurra a la tómbola electoral no tenga la más mínima posibilidad frente a las generosamente financiadas cuadrillas de trileros de los partidos oficialistas. 

 

Ratio: 5 / 5

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Plataformas como OnlyFans son un ejemplo más de cómo la tecnología digital puede ser: (i) un medio óptimo para enriquecer a depredadores sin escrúpulos; (ii) un tentador reclamo para que jóvenes de ambos sexos se prostituyan con ingresos fáciles y cuantiosos, y (iii) una eficaz arma para socavar masivamente los cimientos morales de cualquier sociedad.

 

La “religión del dinero” no se para en barras, pues su finalidad no viene circunscrita a límites de ninguna clase. Su razón de ser no es otra que el lucro. Cuanto mayor y más rápido, más satisface a sus devotos.

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España, que como en otros tiempos, vuelve a estar dividida por los partidos políticos, se encuentra en plena decadencia. 

Es debido a los partidos, que la nación queda dividida por unos intereses de grupo, se forman las izquierdas y las derechas, que en vez de unir a sus ciudadanos con la búsqueda de las soluciones más justas, deciden que es mejor tener contentos a sus votantes y mantener, como gobernantes inflexibles, sus puestos en el parlamento.

El sistema democrático en España, explicado de la forma más simple funciona de la siguiente forma.

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Anifascistas colocan una pancarta en el monumento a Colón de Madrid en agosto de 2020

 

En 1807 Hegel publicó la Fenomenología del espíritu. Ésta, se divide en tres secciones que marcan la ruta argumental de la obra. La primera tiene por objeto de estudio la conciencia y su validez perceptiva como aparato rector entre el entendimiento y el mundo suprasensible. La segunda, se centra en la autoconciencia, es decir, en la certeza que llega a desarrollar el sujeto sobre sí mismo. Ambas serán el lugar epistemológico desde el que Hegel estudiará los conceptos de razón, espíritu y religión: las tres temáticas que consolidan la última sección de su obra. Esta retahíla explicativa acerca de la Fenomenología no sería necesaria si no fuera por la figura de Alexandre Kojéve, filósofo y político francés de origen ruso, conocido por ser el máximo exponente de la izquierda hegeliana premarxista y acusado por Le Monde de más de treinta años de espionaje soviético. La razón es la siguiente, Kojéve tuvo a bien honrar en las clases que impartía en su universidad a la tradición negroleyendista de esa Francia que él mismo ayudó a integrar en la Unión Europea, intercambiando así los términos hegelianos de “Dominio y Servidumbre” por los de “Amo y esclavo” dando lugar al desarrollo teórico de la lucha de clases.