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Desde tiempos antiguos dos concepciones de imperio pugnan por el poder en este mundo; y hoy, la buena, va perdiendo esta milenaria guerra.

La antigua Grecia cayó frente a Roma -pese al respeto y admiración que Roma siempre le guardó- por su incapacidad de superar la polis, de unirse y erigirse en nación. Por un breve tiempo, Alejandro Magno logró una cierta unión y, a partir de ahí, construyó un imperio. Magno, a partir de una nación fuerte, fue capaz de edificar un imperio; pero al conquistar, por ejemplo, otra gran civilización como Egipto, no aniquiló a sus habitantes, no los esclavizó, no destruyó sus obras y cultura... los aceptó como federados a su imperio macedonio. De igual modo obró Roma; por más siglos que le llevase la conquista de un territorio, como fueron los casos de la Galia o, sobre todo, Hispania; una vez conquistados militarmente, los pueblos no eran humillados ni esclavizados u obligados a abandonar su cultura, idiosincrasia, lengua; se les abrían las puertas del imperio dominante del que podían formar parte, se romanizaban, eran provincias y sus habitantes valorados y tratados con honor, pudiendo gozar de la ciudadanía romana.

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Permítanme una breve descripción, a groso modo, sobre el  virus del VIH, a fin de hacer después una comparación con la situación actual de nuestra civilización.

El patógeno causante del SIDA es un lentivirus, un tipo de retrovirus. Este microorganismo, como muchos sabrán, ataca el sistema inmunitario (defensas) de la persona afectada, siendo sus “células diana” los linfocitos CD4. La función de este linfoncito es reconocer al organismo infeccioso, alertar a otras células del sistema inmunitario de su presencia, y fabricar los anticuerpos capaces de combatirlo. Al ser invadidos de un modo especialmente sibilino, los CD4, son incapaces de reconocer al VIH como un cuerpo extraño, y ni combatirán ni darán a aviso a otras células defensivas para que lo hagan, así, poco a poco, todo el organismo se verá perjudicado en su conjunto.

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Definición de las Naciones Unidas de Genocidio (1.951)

 “En la Convención actual, genocidio significa cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religiosos tales como:

  1. a) Exterminio de miembros de un grupo.
  2. b) Atentado grave contra la integridad física o mental de los miembros de un grupo.
  3. c) Sometimiento deliberado del grupo a condiciones de existencia que puedan acarrear su destrucción física, total o parcial.
  4. d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en un grupo.
  5. e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”.

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Antes se decía que los programas de TV eran esos espacios cortos que echaban entre los anuncios. Ahora, los anuncios son más bien aquellos espacios que echan entre los programas sobre Franco la mayoría de las cadenas de TV.

Pero les está saliendo el tiro por la culata, pese a la marea manipuladora, ya que desde 1975 jamás he visto más "simpatía creciente" en el pueblo español hacia Franco y a lo que el sistema llama "franquismo" en general, incluidos falangismo, tradicionalismo, patriotismo-social, etc.

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En un lugar de Niburu, de cuyo nombre es mejor no acordarse, no ha mucho tiempo que vivió un líder que logró llevar a un país sumido en la pobreza, el hambre, la depravación moral, la humillación, el dolor… en un tiempo asombrosamente breve, de la miseria a la prosperidad. Como este líder no podía pedir dinero a otras naciones, acuciadas por una crisis económica mundial; ni acuñar moneda de bancos centrales, porque acrecentaría su exorbitante inflación; ni recaudar impuestos de unos derrotados y famélicos ciudadanos que se suicidaban a un ritmo inconcebible presas de la desesperación; optó por un crecimiento autárquico de corte keynesiano.