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Cuando en un país uno tiene que explicar que las empresas tienen un fin social es que algo no marcha bien. El liberalismo, la doctrina que triunfó tras el fin de la II Guerra Mundial, ha tenido desde entonces tiempo para adoctrinar a la población en dos ideas básicas. A saber: que la empresa privada siempre está mejor gestionada que la pública y que la primera tiene como único objetivo la obtención de beneficios. Cualquiera de estas dos ideas es falsa aunque su apariencia sea la de una verdad constatable, incontestable.

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Lo que ha ocurrido en los últimos días en la capital de España con la huelga de las basuras resume casi a la perfección lo que es el sistema político en el que vivimos, este Estado liberal democrático de partidos, en el que los ciudadanos tenemos básicamente un papel, el de pagar impuestos y callar, y unas pocas minorías autoelevadas al poder se encargan de recoger los beneficios, cuando los hay, o de gestionar, las más de las veces, la ruina nacional.

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Si cualquier persona medianamente informada e instruida sabe que el socialismo es la ideología más sanguinaria y totalitaria que el hombre ha visto a lo largo de la Historia, parecido quorum encontraremos sobre la afirmación de que el socialismo español es, posiblemente, el más mezquino, miserable y ruin de todos. Desde su fundación por Pablo Iglesias, un ya lejano 2 de mayo de 1879, el PSOE no ha hecho otra cosa que dividir a los españoles, enfrentarlos, movilizarlos para la violencia e incitarlos a las más bajas y sucias pasiones. Es un partido dañino, incapaz para tareas de Gobierno, innecesario y, por tanto, absolutamente prescindible en una democracia sana. 

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Les confieso que me siento ridículo hablando hoy de otra cosa que no sea la indignación que sentimos todas las mujeres y hombres de bien por la traición que las fuerzas vivas del Sistema (léase casta política, casta judicial, casta empresarial y sindical, y casta periodística) están perpetrando contra España. Me siento tan ridículo que, poniendo mi conciencia, como siempre hago, por delante de cualquier otra circunstancia, no lo voy a hacer: no voy a hablar de otra cosa que de lo que hay que hablar.  

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El FMI y Bruselas aconsejan periódicamente bajadas de salarios y más reformas estructurales para salir de la crisis. Por “más reformas estructurales” entienden invariablemente empleos más precarios.