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Resultado de imagen de psoe ciudadanos

Cada día que pasa tengo claro que lo que pretende la actual clase política dirigente y sus secuaces es agotarnos, saturarnos, hastiarnos hasta que no podamos más y demos por bueno cualquier acuerdo o componenda que se inventen. Todo menos seguir soportando esta absurda situación, esta pantomima de amor y desamor, este circo de malos payasos y peores actores.

 

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Querido Juan Antonio Cantarero Sanz, vecino mío de La Cañada, es un placer saberte tan cerca pues será más fácil reclamarte responsabilidades por lo que a mi o mi familia le aconteciera.

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En general, los hombres que conforman los "peshmergas" -sean kurdos o árabes- son personas con valores tradicionales de religión musulmana. Lejos de los  radicalismos de los wahabistas o de los salafistas suníes, conservan una religión y una cultura arraigada en estos pueblos.

Me hace gracia contemplar cómo el llamado Occidente posmoderno se vanagloria de una supuesta superioridad, mientras trata de imponer unos antivalores sociales ajenos a toda tradición.

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Los que no tenemos una especial inclinación hacia la monarquía, solemos reconocer algunos valores inherentes a la institución que pueden ser beneficiosos para el Bien Común. El principal y más importante, sin duda, es la estabilidad institucional. El segundo, cada vez más discutible en España, el prestigio de la Corona gracias a la tradición histórica, si bien dicho prestigio, en puridad, habría que limitarlo casi en exclusiva a la corta dinastía de los Austrias, y en alguna excepción borbónica.

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Llevamos muchos años diciendo que el Sistema hace aguas por todas partes y es insostenible. La mayoría de los españoles ha preferido mirar al dedo cuando se estaba señalando la luna, han querido jugar a la democracia de partidos cuando lo que estaba en juego es la Patria común. Se han conformado con las migajas que nos legaron los padres de la Transición y hemos perdido lo más valioso que teníamos. Ahora, muchos empiezan a darse cuenta de lo que equivocados que estaban y preguntan con angustia: ¿y ahora qué?