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Categoría: Artículos
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España, que como en otros tiempos, vuelve a estar dividida por los partidos políticos, se encuentra en plena decadencia. 

Es debido a los partidos, que la nación queda dividida por unos intereses de grupo, se forman las izquierdas y las derechas, que en vez de unir a sus ciudadanos con la búsqueda de las soluciones más justas, deciden que es mejor tener contentos a sus votantes y mantener, como gobernantes inflexibles, sus puestos en el parlamento.

El sistema democrático en España, explicado de la forma más simple funciona de la siguiente forma.

Durante el periodo de elecciones, los partidos hacen su propaganda, no solo dan a conocer su sistema y propuestas, además se echan culpas, se mienten entre ellos y a los ciudadanos, y no contentos con crear ese rencor entre ellos como partidos, fomentan el odio entre los votantes. Un día, se colocan unas urnas, y cada ciudadano, deposita su voto de forma anónima. Los votantes, son movidos mayormente por la propaganda y menos por sus conocimientos, ya que la mayoría no dedican tiempo a escuchar las discusiones del congreso, ni a pararse a meditar cada propuesta, van a votar lo mejor que según ellos gobernará los próximos años. A esto queda añadido que una mayoría, son comúnmente movidos por sus intereses personales, por el odio a los otros partidos y a sus votantes, o por las mentiras de los partidos y de la propaganda partidista de los medios de comunicación. Entre estos, pocos son los que dedican parte de su tiempo a comprender si las medidas económicas y sociales de cada uno son las más justas. Pues bien, tras esto, ese mismo día de las votaciones, se obtienen los resultados, y si un partido alcanza la mayoría absoluta, gobierna por sí mismo, en caso de que no hayan conseguido suficientes votos, se hacen pactos entre los partidos, haciéndose promesas entre ellos, sin importar que piensen sus respectivos votantes, y sin pensar siquiera en si son o no compatibles sus medidas económicas y sociales.  

Una vez determinado quien gobierna, en coalición o por sí mismo como partido único, se toman las medidas, se discute en los parlamentos, y cualquier decisión tomada por estos partidos, que no necesariamente tienen que ser las decisiones prometidas a sus votantes, quedan justificadas en que han tenido sus apoyos en las votaciones. Es en este punto cuando los partidos, que deciden por sí mismos, justifican en los ciudadanos las medidas que llevan a cabo, dejando la responsabilidad de sus medidas y sus repercusiones, cargadas sobre la espalda de los votantes. 

Tras un periodo de gobierno, es cuando el ciclo se repite, de nuevo comienzan las elecciones, los partidos se echan en cara sus medidas, enfrentan a sus votantes.

Es cuando los partidos culpan a los votantes de las medidas que fracasan, pero se aplauden ellos mismos, como partido, cuando estas medidas son acertadas. 

Si consideramos que estos votantes, independientemente de su partido, desean lo mejor para sus ciudadanos y para su país. ¿Cómo es posible que no lleguen a comprenderse entre ellos, y sigan en esta ilógica lucha entre partidos? La explicación es la siguiente, intereses de grupo. Es cuando un interés que es en la mayoría de los casos, de origen económico, influye en los votantes y en los partidos. 

Tal vez el ciudadano medio no está preparado para un sistema democrático. Los ciudadanos, que tienen sus cargas personales, sus obligaciones laborales y sus responsabilidades familiares, no pueden dedicarse a estudiar las medidas de cada partido, tampoco comprenden por lo general las medidas económicas, se dejan guiar más por propuestas que guían su corazón. ¿Cómo una persona sin conocimientos de economía o de gestión de empresas, de política internacional, o de gestión social, va a ser capaz de saber, cual es la mejor solución para los problemas de un país? Es aquí donde los partidos se aprovechan, depositando en los ciudadanos su confianza de que las medidas que ofrecen son las más adecuadas, y sin esperar que estos, en el ajetreo de sus vidas se paren a meditarlas.

El pilar del sistema democrático, son los partidos políticos. Estos parten de una serie de ideas base, y se adornan con otras numerosas medidas que pretenden abarcar a cuantos más votantes, independientemente de la idoneidad de estas. Los partidos políticos han arruinado la virtud del político.

El ser político es uno de los cargos más honorables y valerosos del ser humano. Es tener la capacidad de decidir sobre una sociedad, que les conviene y qué no, es la capacidad de resolver aquellos problemas que se presentan sobre las vidas de los ciudadanos, y que por sí mismos serían incapaces de resolver. Ser político es saber renunciar a una vida anónima de comodidad y exponerse a la multitud, a asumir que toda decisión conlleva unos resultados sobre la ciudadanía. Ser político es interés moral, no económico, es comprender que esa sociedad puede ser incapaz de aceptar al político por sus prejuicios e intereses, y que no solo como político sino como conductor es capaz de levantar en ellos esa misma inspiración por una sociedad justa y digna.

Pues bien, seguro que muchos estaréis de acuerdo con esta idea del político que os muestro, decidme cuántos políticos pueden incluirse en esta definición. Muchos, renuncian a decir las verdades, a defender aquellas ideas justas y acertadas por los prejuicios de la sociedad, también son incapaces de criticar todas las injusticias por el miedo a perder el apoyo de sus votantes. Aquellos, que entre estos políticos son capaces de hacer presente esta definición, no encajan en ningún partido político, pues ¡cómo van a coincidir todos en las ideas que inicialmente se establecieron!. Cuando se salen de estos márgenes son rechazados por su partido. Ya no es digno ser político, ¡ España, tu peor castigo fue el de ser mal gobernada!.

España está destinada al fracaso democrático. Sólo volverá a ser grande cuando su pueblo comprenda que la realidad española es superior a los conflictos entre partidos. Pues la realidad de España es, como dijo bien dijo José Antonio, ser una unidad de destino en lo universal.

 

José Lima