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Categoría: Artículos
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En la primera mitad del pasado siglo se "perdieron" millones de vidas a causa de las guerras. Si alguien lograse realmente demostrar que esos millones de muertos fueron sacrificados en vano, atendiendo a causas estúpidas o de importancia reducida, si alguien lograse verdaderamente culpar a un solo hombre, a su locura o ambición, de arrastrar a todo un pueblo hacia la destrucción por una vaga ilusión idílica y sin sentido, entonces, en ese mismo momento en que se demostrase, dejaría de escribir este periódico, dejaría de vivir por lo que vivo. Como si esta demostración ya se hubiese dado, surgió en Europa un germen que contaminó silenciosamente a todos sus hombres y a todos sus pueblos; surgió el pacifismo, y su espectáculo, cuando se observe desde lejos, tras el transcurso de las décadas e incluso los siglos, será visto como la mayor ofensa y como el mayor desprecio hecho jamás a tantos caídos en nombre del más noble ideal; fortalecer a sus patrias y liberar a sus pueblos. 

  Nunca en la historia había sucedido a una guerra una actitud tan imbécil, una pequeñez moral tan asquerosa como la que se extendió en el mundo tras el año 1945. Y lo más frívolo, lo que de verdad se me formula como repugnante, es pensar que esta actitud buenista a la que nos venimos refiriendo no solo caló en los ánimos de los vencedores -los cuales no tendrían motivo para comportarse de otra forma- sino pensar cómo ese germen pudo calar tan hondamente de la noche a la mañana en los pueblos vencidos; en las madres que perdieron a sus hijos luchando contra el monstro comunista, en las novias que jamás se casaron, en los niños que salieron a las calles de Berlín ese fatídico abril para detener bombas con piedrecitas, en el solado de miembros amputados, en un pueblo que se armó de valor para combatir al enemigo más peligroso que amenazaba ayer y amenaza hoy al mundo. ¿Cómo es posible que de un día para otro se apagasen los fusiles y se encendiesen las arias al pacifismo?

Desgraciadamente, no sé responder tal pregunta. Si podré, en cambio, analizar cuál es el substratum de esa actitud ridícula, analizaré los dos tipos de pacifismo que se extendieron como el peor de los virus por el territorio europeo; el pacifismo diplomático, que halla forma en la Unión Europea y demás órganos enfermizos y el pacifismo ingenuo, que encuentra su acomodamiento en las mentes del pueblo.

 

Bruselas, la trinchera dorada.

El pacifismo de la Unión Europea se construyó en Bruselas, con oro puro, su trinchera.

Desde allí maneja el mundo, lucha contra todo aquello que pueda hacerla perder un milímetro de su dorado terreno, desde ahí pone en funcionamiento el estado de cosas que acontecen en el mundo, las formas de gobierno, los sistemas imperantes, la banca internacional y todas las formas políticas, sociales y económicas que desde ahí van ametrallando a los pueblos del mundo. Corresponde al más puro espíritu burgués, situando desde este momento a la Unión Europea como uno de los principales enemigos de nuestra juventud. La Unión Europea tiene únicamente dos finalidades; de un lado garantizar el cumplimiento de los tratados de París y Potsdam, impidiendo el resurgir heroico de las naciones consideradas peligrosas, antiburguesas y enemigas de las ejemplares Francia e Inglaterra. De otro lado; asegurar el futuro, vigilar al mundo entero para paliar desde su nacimiento cualquier movimiento de insurrección y rebeldía contra el arpón de las 12 estrellas, para que nadie burle esta la vigencia del status quo surgido de la victoria.

En otras palabras, el único sentido de existencia que halla la Unión Europea es asegurar la vigencia de EEUU en el dominio del mundo, de su sistema económico, de sus valores, asegurar en definitiva la permanencia de sus ingresos, tranquilidad y mansiones. Así desde Bruselas se intenta detener el rumbo de la historia, en nombre de la paz y del civismo. todos los cambios triunfales que acontecen por la juventud en el mundo han chocado inevitablemente con la Unión Europea, siendo mermados, ilegalizados y paliados. Nada más que mirar a Grecia. ¿El resultado? nada más que mirar a Alemania, débil enfermiza y civilizada.

 

UE, capital del imperio yankee

El transcurso de los años, los propósitos y espíritu que desde Bruselas nos llega y la tremenda debilitación de Europa nos permite advertir, o al menos sospechar, que la Unión Europea no atiende en realidad a otros intereses diferentes que el de fortalecer y engrandecer Estados Unidos a costa de sacrificar a los pueblos que la conforman. No debemos olvidar que este órgano surgió tras la Segunda Guerra Mundial en un ambiente de resentimiento profundo, de odio atroz a aquellas naciones que se rebelaron contra el statu quo surgido en Ginebra, contra todo orden y prejuicio judeoburgués. " Y ¡oh! el solemne gigante de las Américas como aparece en el momento justo para vencer a los rebeldes, para librar a los pueblos con las más humildes condiciones; solo a cambio de su libertad, su economía y su identidad como razas y como Patrias." Era pues necesario agradecer el trabajo de los ángeles con corbata a base de pagos y contrataciones. De esta forma tan estúpida y tan pacífica nos hemos convertido en los esclavos, en las colonias de Estados Unidos. Pero acontece que cuando el vivir normal de un pueblo produce un atasco para los demás, puede suponer el lector qué destino corresponde y sobreviene a ese pueblo asfixiador. El pacifismo de la Unión Europea y por consiguiente del imperio estadounidense es un imperialismo pacífico. Pacífico, sí, pero se nutre de la sangre que emana de los pueblos europeos a los que debe atar con cadenas de hierro, fuertemente, para evitar un resurgir grandioso que pisotee su ordenación del mundo, este tipo de pacifismo que se alimenta de la sangre del águila imperial española, despojada de su imperio por esos héroes de las películas, debilitada y retenida para que no arranquen la cabeza a su dichosa águila calva. Es por tanto de esa índole de cosas que se sustentan y nutren de lo que les es contrario; como una feminista viviendo de los ingresos de su marido ejecutivo. Es una incoherencia, una irrevocable hipocresía. Pero las manos de la Unión Europea están ya ancianas y marchitas. Dejarán de oprimir el cuello de las naciones que la conforman, pronto, creedme, le fallarán las fuerzas como ya ha pasado con Inglaterra.

 

El pacifismo ingenuo, actitud cansada.

 

El pacifismo ingenuo, ese que llega a decir que ni siquiera la patria es merecedora de que se muera por ella, ha venido a incrustarse como un cáncer en las entrañas populares. Es la culminación del romanticismo burgués, del buenismo y la debilidad. Ha negado a los pueblos, a las juventudes su propia naturaleza, ha cambiado sus instintos y obligaciones naturales por uniformes y tarjetas de crédito. Las ha negado toda actitud violenta, enérgica o extrema para revolverse contra las injusticias, las miserias, los abusos y las crisis del sistema. No estamos pidiendo una guerra, no estamos animando al lector a coger un fusil y disparar contra lo que revienta su conciencia. Las guerras, si, son episodios horribles en la historia de los pueblos, horribles pero necesarios. Son pertenecientes al curso eficaz de la vida y de la historia. Y como los conflictos existen y han existido siempre han de ser afrontados con entereza, con impasibilidad. Europa debe librarse de la paz falsa y demagógica impartida por la Unión Europea y que está tan presente en la conciencia de las gentes, haciéndolas creer que es un hecho horrible el defenderse. Pues les advertimos que solo con una actitud violenta lograremos liberar a nuestros pueblos y naciones.

La verdad antes que la paz. ¡No parar hasta conquistar!.

 

Isabel Medina