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Bandera España S/E

El economista y catedrático de Estructura Económica, Santiago Niño Becerra ya dijo hace tiempo que esto de la crisis viene del siglo XIX y del nacimiento del capitalismo en su libro “El crash del 2010”,y ahora dice que el principal problema de España es la deuda privada. Señala que para nuestro país "crecer por debajo del 1% es no crecer" y advierte que hay que redefinir el concepto de salir de la crisis porque si pensamos que es volver a la España de 2006 entonces nunca saldremos, "vamos hacia un desempleo estructural elevado, un modelo de trabajo más flexible y un cambio de paradigma total".

Santiago Niño Becerra, que ha presentado recientemente el libro 'Diario del Crash', también hace hincapié en que el Estado de bienestar como lo hemos conocido hasta ahora no es posible. Vaticina que tras esta crisis se va a producir un cambio en el modelo estructural pero "yendo a menos", y pone como ejemplo que "todo el mundo no va a tener acceso a un BMW". Critica lo mal que los políticos explican las cosas en España, pero señala que también hay gente que no quiere entender porque "lo que viene no es bonito".

Desde el año 2007, el conjunto de la población, especialmente la clase trabajadora, los jóvenes, los pensionistas, los estudiantes, los desahuciados, … en definitiva, la mayoría de la sociedad, viene soportando sobre sus espaldas el peso de una crisis económica provocada y diseñada desde la clase imperante y poderosa, la clase política, la patronal, la banca, y los mercados reconvertidos en nuevos dioses capaces de hacer retroceder en décadas la calidad de vida de la mayoría de la sociedad.

Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria hace cinco años, hemos sufrido enormes recortes sociales y retrocesos en derechos laborales, sociales, sindicales, medioambientales, y el desmantelamiento y privatización de los servicios públicos, de manera nunca imaginada, que nos han conducido a una situación desesperada a la cual tenemos que hacer frente.

Mediante decretazos y tijeretazos, el poder ha logrado que la situación sea dantesca: Casi 6 millones de personas expulsadas del trabajo, aumento de la pobreza, las desigualdades sociales, la explotación, la exclusión social, los desahucios, la violencia y represión policial para quien protesta, medidas de ajuste en gastos sociales para reducir el déficit en millones de euros, reducción de salarios y pérdida de poder adquisitivo, varias reformas laborales para facilitar el despido libre y gratuito, reforma de las pensiones para aumentar la edad de jubilación a los 67 años y cobrar una pensión reducida, reforma de la negociación colectiva para anularla, y que los convenios colectivos no sirvan para nada, reforma de la Constitución para que el pago de la deuda sea lo primero, aumento de los impuestos para toda la población, pacto social entre la patronal y el sindicalismo institucional para vincular los salarios a los objetivos de las empresas, recortes sociales en la educación, la sanidad, los servicios públicos y sociales, y finalmente una última reforma laboral que acaba definitivamente con los derechos de la clase trabajadora y otorga todo el poder a la empresa.

Al mismo tiempo, la banca recibe ayudas de millones de euros para garantizar la estafa a la que nos ha sometido, las empresas y los especuladores financieros evaden divisas a los paraísos fiscales, cometen fraude a la Hacienda Pública, y están exentos de cotizaciones a la Seguridad Social.

Pero esta situación dantesca es reversible. Debemos ser conscientes de que somos los trabajadores la mayoría de la sociedad, y quienes hacemos que la sociedad funcione, quienes generamos la riqueza, quienes nos levantamos todos los días para poner en marcha el país, encender las máquinas en las industrias y fábricas, hacer funcionar los servicios públicos, los transportes y las comunicaciones, abrir los centros educativos y hospitalarios, gestionar la energía, las oficinas, tiendas y comercios, la limpieza y los cuidados que necesitan las personas mayores.

Somos, por ello, los trabajadores, dueños de unos derechos que nos son inherentes en cualquier momento y situación. No somos mercancía en manos de la patronal y las empresas. Y por eso tenemos que defender la dignidad y los derechos de los trabajadores, con acciones y movilizaciones en las calles y en los centros de trabajo, porque los derechos que hoy perdamos, por no defenderlos, no los volveremos a conquistar jamás. Y porque es urgente y necesario dar una respuesta a esta violencia que el sistema está ejerciendo contra nuestros derechos, nuestras vidas, y nuestra convivencia en forma de paro masivo, EREs, exclusión social, y represión, por parte de los que generaron esta crisis, y sus gestores políticos, hasta conseguir que se deroguen la reforma laboral y todas las leyes antisociales que se están aprobando.

Es hora, por tanto, de rebelarnos, de ocupar y encender las calles para defendernos de aquellos que nos quieren ver sin nada. Hay que tomar los espacios públicos y demostrar con fuerza que el presente y el futuro es nuestro, que somos la mayoría de la sociedad, que nuestra generación va a luchar y a defender los derechos y libertades que conquistaron nuestros  antecesores y que vamos a dejar a nuestros jóvenes. Vamos a seguir luchando para cambiar las bases de este sistema productivo, económico, social, medioambiental y político, hasta lograr una nueva sociedad basada en el reparto de la riqueza y el trabajo, el respeto por la vida en el planeta, la justicia social, la libertad, la dignidad, nuestros derechos, el empleo y los servicios públicos.

Dice el filósofo y politólogo francés Sami Naïr, que "el único movimiento social que no ha fracasado en los últimos siglos es la Nación". Pues bien, si eso es así, y ante esta realidad nacional, la clase trabajadora tiene una fuerza motriz para la rebelión y la transformación social española en la Nación. Siendo los trabajadores la inmensa mayoría de la sociedad, han de ser también la fuerza que pelee por la continuidad de nuestra Nación, por los intereses de todo el pueblo y contra sus enemigos.

 

Eduardo Núñez