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Categoría: Artículos
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Últimamente los demócratas se quejan de la falta de ética social, poniendo como ejemplo las preferentes, los desahucios, el despilfarro de los aeropuertos vacíos y demás derroches, o los sueldos de millones de euros de los banqueros y de los miembros de los Consejos de Administración de los bancos o los múltiples cargos con sueldos millonarios de ex políticos, o las decenas de cargos públicos en sociedades paraoficiales dados a políticos, etc, etc. 

Pero lo curioso es que esos mismos demócratas no aceptan otra norma que el deseo de la mayoría, reflejada en los votos y la partitocracia, y desde luego critican fuertemente a la Iglesia, por ejemplo, por condenar el homosexualismo o el aborto, en base a unos valores no votados, reclamando incluso que se prohíba denunciar negativamente aquellos temas que son legales por deseo democrático como el aborto, el consumo de droga privado, los arrejuntamientos o la conducta homosexual.

 

 

Este es un tema esencial: En democracia no hay más límite que la ley redactada por una mayoría parlamentaria en un parlamento elegido por una mayoría de votos, puesto que no existe una ética oficial sino que sólo son los votos de la mayoría los que establecen las leyes. Por lo tanto, si se quiere establecer una ética que no dependa de los votos ni de las mayorías hay que abandonar la idea democrática actual y establecer unos valores que no sean votables, que no se sometan a los votos, y cuando se habla de una ética que no sea determinada por la mayoría entonces se está hablando de algo antidemocrático.

 

Si se indica que la Constitución recoge los “valores” democráticos, eso implica reducir los valores a las leyes puesto que todas las leyes deben ser constitucionales. Pero además la Constitución se puede cambiar por votación, por lo tanto, eso no son valores sino deseos votados en un momento determinado y sujetos a cambio. Pero, además, las leyes son el  reflejo de la Constitución puesto que deben ajustarse a ella.

 

Y así nos encontramos con que mentir a los ciudadanos en las elecciones no es delito, ni está penado por ley incumplir el programa político del partido en el gobierno, da igual el que sea, ni tampoco el manipular una rueda de prensa para evitar preguntas incómodas, o el ocultar un salario como una “indemnización en diferido”. Tampoco es delito usar banderas de conveniencia en barcos y transatlánticos, ni que los bancos tengan sucursales en  islas caribeñas de nulo interés comercial, pero que son paraísos fiscales. Ni es ilegal cobrar millones de euros en Consejos de Administración mientras se hacen EREs que despiden a miles de obreros, ni es ilegal vender preferentes ni construir aeropuertos vacíos y demás obras para lucirse los políticos en las campañas electorales, ni es ilegal el desahucio cuando alguien no puede pagar, ni tampoco es ilegal atacar y ocupar Irak con excusas falsas, ni fomentar una guerra civil en Siria, etc, etc…. Todo eso es legal en democracia.

 

Así pues, la democracia no es un sistema de valores ni se ajusta a ética alguna. Para los que no vean que la democracia es sólo la pantalla de la plutocracia, podemos ser generosos y dar por buena la opinión de que la democracia es un entorno de convivencia de distintos valores y pensamientos.  A pesar de que todas las democracias prohíben algunos tipos de pensamientos que no les gustan, pero es que además las democracias no son más que pantallas y marionetas en manos del poder del dinero, la finanza, el gran capital, la prensa y los grupos de presión.

 

Y aparte de lo ya mencionado nos encontramos con muchos más ejemplos curiosos que nos permiten entender mejor este tema de la ética en la democracia: La inmigración ilegal no cumple la ley, es ilegal, pero se considera “ética”, es más, se considera casi obligatoriamente defendible por cualquier demócrata bien pensante y  políticamente correcto. Lo mismo pasa con el aborto efectuado fuera de las normas de la ley, es ilegal pero se considera aceptable por los demócratas. Otro ejemplo más: Hace unos años un grupo de miserables cantantes-basura fueron detenidos en un prostíbulo de homosexuales menores de edad, pero la progresía les apoyó y les defendió porque “a los quince años ya se debe ser libre para tener sexo”, aunque era ilegal, porque la prostitución es ilegal pero no se considera inmoral para los demócratas sino que la venta del sexo se considera una profesión que se pretende normalizar éticamente, incluso cuando como en ese caso los que se prostituían eran menores.

 

De todo ello podemos sacar la conclusión de que en los regímenes democráticos la ética no existe como tal, sino que todo lo legal es moralmente aceptable por el simple hecho de ser legal, y en algunos casos como hemos visto también lo ilegal, y por supuesto todo es variable según las leyes votadas en el parlamento. Pero hay una norma que complementa esta situación: Todo aquello que favorezca lo decadente, especialmente en lo que atañe a temas raciales, religiosos o sexuales, y lo que vaya en contra de lo tradicional, por ejemplo en contra de la familia tradicional, aunque sea ilegal, será considerado moralmente aceptable por la progresía, la prensa y los medios.

 

En una palabra, el sistema democrático es un medio para la destrucción de toda moral o ética superior, teniendo como objetivo la relativización de toda idea ética y la reducción de todo valor moral al deseo material más ruin.


 

Eduardo Núñez