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En un mundo donde lo estético impera, donde el culto al cuerpo ha sustituido al culto al alma. Los modelos a seguir no son ya ni los santos, ni los filósofos, tampoco siquiera los aventureros o guerreros. Los modelos que marcan a esta juventud son los rostros enfermos de humanoides asexuales, a imagen y semejanza de una sociedad que agoniza.

Esta sociedad herida y enferma de muerte, donde el egoísmo y egocentrismo sustituye al altruismo y entrega al servicio de nobles ideales, o siquiera sueños utópicos. Se sirve de personajes que cultivan el cuerpo como estética a mostrar, pero no como fortaleza para servir. Muchachos depilados compitiendo con las chicas en busca de un rol de belleza indefinido. Niñas vistiendo como parodias de muchachos y cultivándose en groserías y estupideces.

Un feminismo que lejos de buscar la perfección de lo femenino, y abanderando una perversa misoginia femenina, trata de suplantar al hombre, un hombre que por otra parte renuncia a la caballerosidad y servicio a la dama.

Ya no hay damas y caballeros, hay una renuncia total a los propios roles y una suplantación del rol ajeno.
Confusión, caos y perversión. Y una ingeniería social que fomenta esa confusión.

La fortaleza de una sociedad se manifiesta en la fortaleza de sus hombres y mujeres. No sólo en cultivar un cuerpo de gimnasio y una estética de gabinete. Eso es sólo fortaleza de barro. Más cuando las drogas y los vicios son aceptados como cosas normales. La verdadera fortaleza está en la capacidad de sufrimiento, claro que la gimnasia y el esfuerzo físico entrena y capacita el cuerpo, pero sin una razón y meta para el sacrificio se adultera.

La fortaleza se muestra en la renuncia a los placeres por el combate, por lo justo. La fortaleza es la capacidad de sufrir represión y arriesgar lo propio en un servicio a los ideales y credos. Es fuerte quién sirve a toda costa y se inmola por causas mayores sin medir o esperar beneficios materiales....

Sólo fomentando la fortaleza de los hombres y mujeres, alimentándolos con nobles ideales, se puede fortalecer una sociedad. No hay patria fuerte sin hombres y mujeres fuertes. No hay sociedad sana sin ciudadanos sanos. Y no sólo sanos en lo físico, sobre todo en lo espiritual.

En ese sentido pongo a la misma altura a derechas e izquierdas, fascistas y antifascistas... Todos se han dejado llevar por la mugre de la contaminación espiritual.
Sólo el fuego del combate templa las almas torcidas. La camaradería y el sufrimiento muestra el verdadero rostro del alma. No hay distinción en lo profundo del alma de las personas entre colores políticos, colores impuestos por modas o educación y circunstancias. Sólo hay hombres y mujeres fuertes o débiles, sanos o enfermos (espiritualmente).

Mi tributo a los héroes que han entregado sus vidas en combate. Como la Sheid (mártir) Arin Mirkan, miliciana de las YPJ que en la batalla por Kobani, ante una posición de Daesh atrincherada en lo algo de un cerro, y que masacraba a los compañeros, tomó las granadas de sus compañeros en una mochila y tras escalar por la parte más escarpada alcanzo la posición enemiga haciendo volar toda resistencia. Eso es fortaleza , eso es entrega y eso es idealismo. Para una sociedad enferma... Quizás lo denominen "terrorismo"...

Honor y gloria a quienes entregan su vida al servicio de lo que consideran justo y noble.

 

Simón de Monfort     

(Desde el frente de batalla, en la lucha contra el DAESH) 

 

Aquí tienes su página de Facebook desde la que narra su gesta    

https://www.facebook.com/Apoyo-Voluntarios-Españoles-contra-DAESH-811409822301358/