Imprimir
Categoría: Artículos
Visto: 1271
Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

 

Arranca hoy la Semana Santa con el Domingo de Ramos, e iniciamos un tiempo que nos sitúa frente a frente ante el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, y por qué no decirlo, también ante el sentido de nuestra propia vida. La eterna pregunta de por qué y para qué vivimos, de qué pintamos en este mundo, de si existe la vida eterna, de para qué hemos venido. El misterio de nuestra existencia, de nuestro papel en el mundo, y de la trascendencia como una de las razones por las que seguir viviendo. 

 

 

Y llegamos a este punto después de un terrible suceso, de esas noticias que no sólo sobrecogen y aturden, sino que desconciertan. Que nos hacen incluso replantearnos la vida. Que más allá de la excepcionalidad que supone siempre un caso como éste, es inevitable hacerse, sobre todo, una pregunta: ¿Por qué? Cómo es posible que un chico de 27 años tome una decisión tan drástica, tan terrible, arrastrando con él a 149 personas a la muerte..., a 149 personas que no tenían culpa de nada.

  

Nos estamos refiriendo, por supuesto, al avión de Germanwings, estrellado contra una montaña de los Alpes francesas por un copiloto, Andreas Lubitz, que padecía trastornos depresivos desde, al menos, 2009 y a quien la ruptura con su novia llevó a cometer ese múltiple homicidio, 149 vidas inocentes, además de la suya. Un hombre que ocultó a su empresa que estaba de baja médica y que, además, estaba tomando medicación por una nueva crisis psicológica.

  

Y en este programa, donde siempre hemos estado y vamos a estar con las víctimas y sus familias, especialmente del terrorismo etarra pero en general de todas las víctimas, hoy también lo estamos. Porque sin duda es terrible que alguien decida quitarse la vida; sólo Dios es dueño de nuestras vidas, y es a Él, en su infinita bondad y sabiduría, a quien le corresponde disponer de ellas. Pero aquí estamos hablando de otra cosa. Estamos hablando de un hombre despechado por el abandono de su novia, a la que trató de impresionar por última vez cometiendo un asesinato múltiple. Empujando a una inmolación absurda a decenas de personas que tenían su propio proyecto de vida, sus familias, su futuro.

  

Jamás hubiésemos imaginado que un avión alemán podía estrellarse contra los Alpes. Un avión alemán con pilotos alemanes. Nuestros prejuicios, sin duda equivocados, nos llevan siempre a pensar en países más exóticos cuando nos hablan de este tipo de siniestros. Pero también las empresas alemanas, por fuertes y poderosas que sean, por muchos millones de euros de presupuesto que tengan, se muestran impotentes ante un arma poderosísima ante la que es casi imposible actuar: el deseo de autodestrucción de una persona. 

 

Ahora cambiarán de nuevo las leyes. Será obligatorio que viajen dos pilotos de forma permanente en las cabinas, y no sólo en el despegue y aterrizaje, como hasta ahora. Algunas compañías, ya desde este fin de semana, permiten que la puerta de la cabina pueda abrirse desde fuera (norma que cambió después de los atentados del 11-S). Pero insisto: hay que ir a las raíces profundas de las cosas. Es imposible controlar todos los casos posibles en los que alguien puede hacer daño a un colectivo de personas inocentes y desprotegidas. Debemos preguntarnos, una vez más, qué tipo de mundo hemos creado, qué pasa con el hombre del siglo XXI que es capaz de llevar a cabo acciones tan absolutamente enloquecidas y devastadoras como la de esta semana en los Alpes franceses.

  

Ahora, el debate público está centrado en el joven Andreas Lubitz, su ex novia, y la seguridad de los aviones. Pero nosotros pensamos en esas 149 familias. También en la familia del copiloto, que ahora tendrá que sufrir una doble tortura: la suya y la que venga de los demás. Pensamos, en general, en todo el sufrimiento que generan actos tan irresponsables e inhumanos como éste. Cuando hay detrás una razón política o reivindicativa, o cuando lo que hay detrás es la desesperación vital. Es el gran misterio de la vida y la muerte ante el cual ciertas preguntas nos da la impresión de que no tengan respuesta.

 

Y hoy preguntamos a los oyentes de Sencillamente Radio: ¿considera Vd. seguro el transporte aéreo?

******************************************************************

    

Rafael Nieto es el director del programa de debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, 93,50 de FM e Internet: http://www.gaceta.es/oir-radio-inter ), y en el que participan habitualmente distintos militantes del Sindicato TNS. 

 

La intervención de Jesús Muñoz en este programa la tenéis en el siguiente enlace

 

Maldad, negligencia y algo más (Intervención de Jesús Muñoz en Radio Inter)

http://www.sindicatotns.es/index.php?option=com_content&view=article&id=291:maldad,-negligencia-y-algo-más-intervención-de-jesús-muñoz-en-radio-inter&catid=11&Itemid=107