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"La luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. Sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría concebir sólo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la sola presencia del otro puede suscitar. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza". 

 

 

Lo que acabo de leer pertenece al cuarto y último capítulo de la Carta Encíclica "Lumen Fidei", escrita por el Papa Francisco en colaboración con el Papa Emérito, BXVII, y publicada el pasado 29 de junio. Pocas mentes han tenido en los últimos tiempos la facilidad de Ratzinger para escrutar los males que aquejan al hombre moderno, y de ello dan fe sus tres encíclicas en solitario y ésta que acaba de terminar "a cuatro manos", con las aportaciones de su sucesor. En un mundo carente de políticos de talla y de verdaderos líderes de masas, sólo la Iglesia nos sirve ya como referente válido.

 

Saben ustedes que, desde que comencé esta temporada radiofónica, el pasado 30 de septiembre de 2012, uno de mis mayores empeños ha sido el de desenmascarar las mentiras de nuestro sistema político, de nuestra democracia. Un sistema en el que se nos intenta convencer de que el poder reside en nosotros, en los ciudadanos, pero que comprobamos cómo nuestro papel termina siendo residual, anecdótico, convertido en una rutina electoral cada cuatro años. Quienes manejan los hilos del sistema, esto está claro, no somos nosotros, sino la casta política, beneficiaria única del chiringuito en cuestión.

 

Sin embargo, caeríamos en un grosero error si pensáramos que estos dirigentes políticos, sean del partido que sean, proceden de otro planeta, o pertenecen a una raza especial y distinta. Lejos de ser así, nuestros políticos salen de la sociedad a la que todos pertenecemos, son parte de la ciudadanía, son los mismos eslabones de la democracia que, en un momento determinado de sus vidas, pasan de dirigidos a directores, de electores a elegidos. Pero tienen nuestros mismos errores, nuestras mismas miserias, nuestra misma desorientación vital. 

 

Nos equivocaríamos de lleno si pensáramos que será una nueva clase política, quizá venida de otras galaxias, la que nos saque del pozo de corrupción, inmoralidad e indecencia que caracterizan la vida pública española. No será así. No habrá tal clase política. Seguirán saliendo de entre nosotros, de los mismos colegios en los que estudian nuestros hijos, de los mismos bares donde tomamos la cerveza de la tarde.

 

Por eso, sólo es posible una regeneración a fondo de la política española cuando nos atrevamos a acometer una verdadera regeneración moral de la sociedad, una regeneración que sólo puede estar orientada por la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Una sociedad que se nutra de la Ley Natural y de la Moral Objetiva. Que barra toda la podredumbre que ha instaurado el liberalismo relativista y la cultura progre. Que limpie la mugre que la modernidad, lejos de ilustrar nuestras vidas, ha untado en las paredes de nuestras conciencias.

 

Podemos perder el tiempo todo lo que queramos señalando a unos y a otros. Hablando del caso Bárcenas o del caso de los ERE andaluces. Discutiendo (¡cómo nos gusta discutir sobre lo pequeño!) si son galgos o son podencos. Pero nada haremos sin una conversión de cada uno de nosotros, sin una toma de postura autocrítica que nos haga repensar qué hacemos en esta sociedad y qué tipo de mundo queremos para nuestros nietos. Si queremos más de lo mismo, en una espiral que sólo nos conduce a la guerra de todos contra todos, o si preferimos dejarnos iluminar por la luz de la Fe, y encontrar el camino a la Verdad.

 

Sé que pocas cosas incomodan más que hacer examen de conciencia. España es un país poco dado a la humildad que es imprescindible para poder encontrar en nosotros la parte de culpa que tenemos en el estado calamitoso de nuestra Patria. España hoy es un despojo: atacada por los separatistas, chantajeada por los terroristas, ultrajada por los abortistas, envilecida por los promotores de la ingeniería social, y finalmente, vendida barata, muy barata, por los gobernantes. Todo ello, lo consentimos nosotros. Lo aceptamos nosotros. Lo votamos nosotros.

 

Ustedes, oyentes, públicos, están acostumbrados a que la mayoría de los periodistas sean, a veces, muy críticos con la clase política y muy aduladores con el pueblo. Creen que se arman de razón para atacar al poder, siendo mendaces y pelotas con los que eligen, con los que elegimos. Craso error. Esa falta de capacidad autocrítica es lesiva para el Bien Común, es corruptora del deseo colectivo de que, algún día, tengamos un lugar humano en el que vivir.

 

Les dije el 30 de septiembre, cuando tuve el honor de hacerme cargo de la dirección de este programa histórico de la radio española, que me mueven dos cosas: mi Fe y mi Patria, por ese orden. Y el periodismo, en la medida en que me permite ser fiel a las dos anteriores. Yo no voy a entretenerles con juegos florales ni con pasatiempos; la espuma de los días está bien para vender periódicos, pero rara vez deja reflexionar sobre las verdades eternas. Nos estamos jugando nuestro futuro como civilización, y si no empezamos ya a cambiar, mañana puede ser tarde. Porque hay otras civilizaciones, se lo aseguro, menos contemplativas que la nuestra.

 

Hoy termina esta temporada de debates en directo. Sencillamente Radio volverá, como es tradicional, a mediados de septiembre. No saben cómo les agradezco la fidelidad que han demostrado a este su programa. Es un privilegio y un orgullo poder dirigirme a todos ustedes cada domingo, y que me permitan dirigir este debate, que es el de los oyentes del programa. No quería terminar esta mi primera temporada al frente de Sencillamente Radio sin plantear una especie de enmienda a la totalidad del Sistema, una reflexión colectiva sobre lo que nos espera. Sobre si es posible cambiar, o no cabe otra cosa que la resignación.

 

Dice la Encíclica Lumen Fidei que "la fe recta orienta la razón a abrirse a la luz que viene de Dios". Ojalá que todos estemos dispuestos a abrir nuestras mentes y nuestros corazones a esa luz, que es luz de vida para todos.

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presentador de Sencillamente Radio

Rafael Nieto es el director del programa de debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, Internet: www.radiointer.com ), y en el que participan habitualmente distintos militantes del Sindicato TNS.