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Categoría: Artículos
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Empezamos la semana conociendo un buen dato: el del desempleo. 200.000 cotizantes menos, 16'5 millones de trabajadores, 78.000 desempleados nuevos en cifras redondas y 4'5 de almas apuntadas en las listas del paro.

 

 

 

¿No es bueno? Pues a juzgar por las declaraciones de la secretaria de Estado de Empleo y del secretario de Estado de la Seguridad Social es esperanzador. Siempre, eso sí, que se compare con el dato de paro y población activa de tiempos peores.

 

Es la máxima del que quiere ver el vaso medio lleno o del que se empecina tozudamente en verlo siempre medio vacío. Nuestros políticos no están por la labor de dejarse llevar por el derrotismo e insisten, ahora ya enérgicamente, que no consentirán que nadie quiera dar una imagen ceniza de la sociedad española. Son las fórmulas de manual de animadoras con las que nos hacen dormir hambrientos pero con una sonrisa estúpida en la boca. Del España va bien de Aznar -cabalgando la cresta de la burbuja con su sombrero texano- al España va mejorcito de Rajoy. 

 

Hay una cosa mucho peor que ver cómo el anuncio que nos hacen puntualmente todos los meses Engracia Hidalgo y Tomás Burgos sólo sirve para cruzar apuestas previas de si sube tanto o baja cuánto la tasa de paro: y es el oírles desempolvar al vetusto Whinston Churchill para afirmar que salimos de la crisis gracias al esfuerzo y sacrificio de todos los españoles. Una reedición del "sangre, sudor y lágrimas" en plan pelota.

 

Pero en este despropósito están metidos todos. Lo que en el argot del político es sumar fuerzas y caminar de la mano de empresa y agentes sociales es, en realidad, constatación de que los tres principales sindicatos de este país (los obreros y el de la patronal) son comparsas anestesiadas por la prebenda y silenciadas con los casos de corrupción que les han hecho grandes. 

 

Es el paro endémico traído de la mano por la Constitución del 78 y que, salvo que role el viento, nos mantendrá en tasas de paro superiores al 21 % hasta el 2019. De qué vamos a comer hasta entonces, ¿de sus chorradas de autoayuda?