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Categoría: Artículos
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Los que me estén escuchando a esta hora lo harán, sin duda, en uno de estos dos sitios: La manifestación en Madrid convocada por Pablo Iglesias y los suyos o desde cualquier otro lugar del globo. A los primeros, que se abriguen, que dan lluvias; a los segundos... sí, que no se hagan mala sangre, que serán muchos los que saldrán a las calles de la capital, muchos, tal vez más que en ninguna otra manifestación conocida, a pesar de la lluvia, más incluso que cuando vino el Papa o mataron a Miguel Ángel Blanco, muchos.

 

 
No se hagan mala sangre porque no merece la pena. Sí, ya sabemos que los líderes de Podemos no pasan por su mejor momento, que se lo llevan crudo y todo eso. Pero serán, aún así, capaces de reunir muchas almas en Madrid. Es que hay mucho descontento al que el mensaje le ha calado. No se hagan mala sangre y piensen muy bien a quién le van a dar el voto la próxima vez que se enfrenten a las urnas. Porque si se lo dan a los partidos mayoritarios, a los que nos han llevado a todo esto, o se lo dan a una de las mil y una alternativas dispuestas a hacer malabares políticos asegurando que las cosas no se han hecho bien pero que todo tiene una solución en el marco de nuestra Constitución, o a las escisiones de últimos tiempos de esos que nos condujeron con sus políticas a la situación en la que estamos, estarán legitimando moralmente la irrupción de Podemos en el Gobierno de la nación como un elefante en un cacharrería.

 Desde el domingo pasado todas las miradas han estado puestas en Grecia y en hacer comparaciones entre Syriza y Podemos, entre el caso griego y el caso español. Nuestros representantes políticos no sabían a qué carta quedarse: que sí, que son la misma cosa; que no, que no se parecen en nada.
 
La verdad, digan lo que digan, es que ha llegado la hora de las ideologías. El cuento aquél para no dormir que nos contaban de que los buenos gobiernos eran los formados por gestores se acabó. Los que gestionaron la especulación, el pelotazo rápido, el saqueo del Estado en forma de privatizaciones a amiguetes, el chiringuito de las Autonomías, los fondos de reptiles, las mochilas rebosantes de euros en Andorra o en Suiza, los que nos contaban lo bueno que era estar en Europa mientras nos convertían en un país de camareros y albañiles, tienen los días contados.
 
Han vuelto las ideologías. Pero lo han hecho con la crudeza que requiere el tema, sin la máscara funeraria de las izquerdas o las derechas. Hoy se es comunista, capitalista o fascista. Lo demás no cuenta. No va a contar. Syriza es comunista, sí, y conseguirá que a Grecia la echen del euro y de la OTAN. Podemos es comunista. Partido Popular, PSOE, Nueva Democracia y Pasok son capitalistas. Sus políticas han dejado millones de parados, de hogares por debajo del umbral de la miseria, millones de asesinatos en el vientre de Europa. Y, sí, también hay fascistas. En Grecia son la tercera fuerza política.

 Y, ahora, déjense seducir por esos cantos de sirena que les susurran al oído que vuelve el horror Nazi. Vuelvan a pegarle una calada al porro de la democracia y caigan en el letargo de su modorra. No se preocupen: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y compañía amortiguarán su caída.
 
No se lleven mala sangre.