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La madrugada del jueves al viernes pasado arrancaba oficialmente una campaña electoral, la de las elecciones europeas, si bien todos estamos ya un poco saturados, la verdad, de mensajes políticos que, en definitiva, no son otra cosa que ingredientes de una gran campaña electoral permanente, en el sentido de que faltan ideas realmente aplicables al mundo real, y sobra demagogia y populismo.

 

 

Lo que nos preguntamos muchos ciudadanos, a las puertas de que nos convoquen a las urnas una vez más, es qué pinta realmente la Europa de hoy en nuestras vidas. Más allá de que la legislación que nace en el Parlamento Europeo cada vez sea más abundante, y sea traspuesta al ordenamiento de cada país miembro de la UE en un porcentaje cada vez mayor, lo que toca preguntarnos es en qué medida nos sentimos de verdad europeos en esta Europa de los mercaderes, de los burócratas ultraliberales, de las castas intocables, y por qué no decirlo, de la corrupción moral. 

 

 

 

Cuando Schumman, De Gasperi y Adenauer pusieron los cimientos de lo que después ha llegado a ser la Unión Europea, bajo el signo del cristianismo y de unos valores eternos que debían marcar el sentido de las leyes futuras, evidentemente no estaban pensando en lo que hoy tenemos. No estaban pensando, seguramente, en beneficiar a unos grupos de poder, ni a unos pocos elegidos, sino a millones de personas normales, de trabajadores, de estudiantes, de amas de casa, de jubilados, de familias en suma, que compartimos un legado histórico y cultural, un pasado que nos viene diferenciando de otros pueblos que han preferido la violencia, la superstición o la barbarie.

 

 

Algunos lustros después, hemos visto romperse Europa en naciones que nunca existieron, hemos comprobado el auge de movimientos regionales carentes de sentido, y al mismo tiempo que las grandes naciones del Viejo Continente, quizá con la única excepción de Alemania, pierden vigor y presencia, se limita al ámbito de la economía especulativa la verdadera influencia y el poder real en las instituciones. Es la Europa del PIB, de la prima de riesgo y del déficit cero. Una Europa en la que los ciudadanos somos simplemente contribuyentes y votantes, en ese orden.

 

 

Y ahora nos piden el voto, otra vez, prometiéndonos el oro y el moro, cosas imposibles e increíbles, palabras vacías en medio de sonrisas, abrazos, compañerismo y música estridente. Otra vez el  ventilador en marcha, otra vez el "y tú más", otra vez "nosotros somos mejores", otra vez "cuidado que viene la derecha, o la izquierda". Lo de siempre, corregido y aumentado. Se acuerden de nosotros porque hacemos falta para que todo siga exactamente igual.

 

 

Según hemos leído estos días, sólo el 17% de los españoles sabe que hay elecciones europeas el día 25. De quienes van a ir a votar, casi la mitad aún no tiene decidido a qué partido. Según el CIS, PP y PSOE bajan en intención de voto, aunque mantienen sus cuotas de poder, y suben partidos menores como IU, UPyD, y esa creación del segundo Pablo Iglesias, "Podemos", que parece va a llevar a Bruselas el marxismo leninismo algunas décadas después de su entierro y funeral. Ya ven ustedes que algunos son contumaces.

 

 

Hoy la pregunta es muy clara: ¿se siente Vd europeo tal y como está diseñada la Unión Europea actual, con su estructura, principios e instituciones?
 

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Rafael Nieto es el director del programa de debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 12 horas en esa emisora en el 918 de AM, 93,50 de FM e Internet: http://www.intereconomia.com/oir-radio-inter ), y en el que participan habitualmente distintos militantes del Sindicato TNS.