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Ejemplar de la Constitución de España.

Todos los años por estas fechas, coincidiendo con la celebración del día de la Constitución Española, vuelve el debate sobre si es necesario o no reformar la Carta Magna. Unos la quieren reformar para destrozarla, otros para destrozar España, y la mayoría la quieren reformar pero no saben muy bien en qué ni para qué. Es como una especie de mantra que va ligado ya, de manera inevitable, a la palabra "Constitución".

Era elocuente ver el pasado viernes, día de autos, a los dos máximos líderes políticos de este país, en verdadero diálogo de besugos, uno diciendo que está dispuesto a reformar pero que tiene que haber consenso, y el otro respondiendo que para que haya consenso primero tiene que haber diálogo: como ven ustedes, el nivel es alto. Pero con estas cosillas se entretiene a los españoles (me refiero a los españoles que aún están en la cosa de si es mejor Cánovas que Sagasta o Sagasta que Cánovas), mientras al conjunto de los ciudadanos se nos despoja a diario de los derechos más elementales, se nos conduce a la ruina y la miseria, y se va convirtiendo la que fue la nación más poderosa del mundo, desgraciadamente, en una piltrafa irreconocible.

Lo dijo ese mismo día, el de la celebración del texto reformable, José Antonio Ortega Lara, secuestrado por ETA, superviviente del terror, y hoy simplemente ciudadano asqueado de la casta dirigente: "Los políticos han prostituido la Constitución". Podía haber empleado otros muchos verbos, pero el elegido por él me parece preciso, exacto; en efecto, la han prostituido, y además por muy poco dinero. La han malvendido, malbaratado, a nuestros peores enemigos como pueblo, a los que siempre quisieron destruir España y a los que hoy, aupados al poder de una democracia de mentirijillas, juegan miserablemente con el pan y la dignidad de la Nación más antigua de Europa.

Las víctimas del terrorismo, sus familias y los pocos defensores que les quedan se manifestaron ese mismo día, el viernes, para acusar a los dos grandes partidos de "traición". Una palabra, traición, que ha perdido valor en el mundo de hoy, este mundo de dinero, maquinitas y realidades virtuales, por la simple razón de que tiene que ver con el honor, otro vocablo convertido en filfa, porque tampoco vale nada. Hoy se negocia, se juega con el dolor, con la angustia, con el recuerdo sofocante de los cobardes atentados que hirieron el corazón de España, y que han quedado reducidos a eso, a memoria doliente. Porque los mandarines de hoy no conocer el honor y no les importa la traición a los españoles de bien.

Y se preguntan, retóricamente, si hay que reformar la Constitución..., pero reformarla, ¿para qué?, ¿para blindar la unidad de la Patria, esa que regalaron a los separatistas en el ´78 con un texto lleno de despropósitos e incoherencias, de ambigüedades hechas a su medida?, ¿o más bien para lo contrario, para que les sea todavía más fácil la ruptura de lo que queda de España? ¿Está dispuesto Rajoy a reformar la Carta Magna para asegurar que ni País Vasco ni Cataluña puedan celebrar referendos, cuando los nacionalistas le están exigiendo que la permanencia de estas regiones no debe basarse en la imposición, sino en el pacto? ¿Y Rubalcaba, cuáles son los detalles, la letra pequeña, de su anunciado proyecto federalista?

Nos engañamos todos, de nuevo, si creemos que harán algo por y para el Bien Común de los españoles. La España que nos dejó Franco estaba atada y bien atada por la sencilla razón de que el anterior Jefe de Estado tenía una idea muy clara de lo que es este país, conocía perfectamente a los españoles y no estaba dispuesto a chalanear ni mucho menos a negociar nada con los enemigos declarados de nuestra Patria. La clase política que hoy padecemos, sin distinción de partidos, está enamorada de la Constitución por la misma razón por la que odia a España: porque sus intereses no son patrióticos ni espirituales, sino tangibles. Tangibles como las monedas de oro o como los ridículos legajos con que hoy organizan los festejos políticos en la casa de la soberanía.

Gracias a Dios, todavía hay hombres y mujeres, no sé si muchos o pocos, a los que nos emociona España, no la Constitución. Españoles que daríamos nuestra vida sin dudarlo por España, no desde luego por la Constitución. Hijos de la piel de toro que tenemos memoria y que conocemos nuestra Historia lo suficiente como para impedir que unos pocos aprovechados oportunistas, queriendo reescribirla, lobotomicen nuestras mentes para dejarlas en blanco. Porque no en otra cosa consiste este tinglado pseudo-democrático: en hacernos ver la realidad a través del prisma que la casta política ha diseñado.

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 presentador de Sencillamente Radio

 

Rafael Nieto es el director del programa de debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, Internet: http://www.intereconomia.com/oir-radio-inter ), y en el que participan habitualmente distintos militantes del Sindicato TNS.

  

Este que acabáis de leer es uno de sus editoriales en ese programa

 

Todos sus editoriales los podéis encontrar en el siguiente enlace de nuestro foro TNS http://tns.mforos.com/1022048/10861765-editoriales-de-rafael-nieto-en-sencillamente-radio/