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Siempre he mantenido la teoría de que hay periodistas que no tienen el título, pero son "muy periodistas", y licenciados en Periodismo que no serán periodistas en su vida, porque ni piensan, ni sienten, ni leen, ni por tanto escriben como periodistas. Esto que Vds. están empezando a leer ahora mismo es el prólogo que hace un periodista (para servir a Dios y a ustedes) a otro periodista, que es Jesús Muñoz. Y es indiferente en lo que circunstancialmente trabaje u ocupe sus días, porque de los años de amistad que he podido compartir con él, si algo he tenido siempre claro es que estaba tratando con un colega.

 

Pero no solamente eso. Jesús es periodista como yo, y es católico y patriota como yo. Por eso, en sus intervenciones radiofónicas de "Sencillamente Radio", que ahora pueden Vds. disfrutar en su formato literario, muchos oyentes creen estar escuchando también "editoriales". Tanto la temática, como la forma y el estilo que suele utilizar representan, en buena medida, la línea de un programa que, después de casi cuatro décadas seguidas en antena, es más que una institución de Radio Inter. Es uno de los pocos focos de resistencia que aún quedan contra un sistema político que ahoga los intereses nacionales.

 


Hasta tal punto es perseguido el patriotismo en nuestros días, y es tal la saña con la que las instituciones "democráticas" se emplean contra aquellos que pretenden defender la unidad de España, que cada vez son menos los espacios en los que es posible escuchar las ideas que suele expresar Jesús en sus comentarios. Y ello es posible por tres razones principales: por la libertad que siempre nos ha dado la dirección de Radio Inter para defender nuestra línea editorial, por la libertad que nos permiten los patrocinadores y anunciantes de Sencillamente Radio (sin los cuales, nada sería posible) y por el empeño personal, el sacrificio y la constancia que viene demostrando Jesús durante tantos años, estando todos los domingos (con poquísimas faltas) marcando los teléfonos directos del programa, sin ningún tipo de privilegio sobre los demás oyentes, para poder leer sus artículos en antena.

 


Jesús es un falangista de libro. Te da la mano mientras te mira a los ojos, o te da un abrazo fraterno, y sabes que tras su mirada y sus palabras hay sinceridad, lealtad e integridad. Es igual en su vida privada que cuando habla en la radio; igual en su puesto de trabajo, que cuando se moviliza en marchas patrióticas, cuando arma la revista del Sindicato TNS o cuando acompaña a sus hijos al fútbol. Y es esa coherencia de vida y de pensamiento lo que le permite hablar con esa rotunda libertad, con ese descaro del que nada tiene que perder, con la rebeldía permanente del que lucha, palabra a palabra, por conquistar unos intereses que, en realidad, son colectivos, son de todos y para todos.

 



No voy a negar, porque se lo he dicho a él a la cara, que muchos de sus comentarios me han causado preocupación y, en alguna ocasión, me han generado algún pequeño conflicto. Es normal. Cuando se exponen ideas y principios sin filtro de ninguna clase, cuando se da rienda suelta al corazón y a la cabeza, pero no se pone la sordina que exige el Sistema para resultar más digerible, los efectos no siempre resultan cómodos. Jesús es auténtico e incorregible, rotundo y tenaz, incapaz de quedarse en las medias tintas teniendo la oportunidad de proyectar sobre las ondas la tinta entera de su discurso.

Fui primero oyente suyo en la etapa en que Eduardo García Serrano dirigía el programa. Recuerdo que siempre pensaba: "Este Jesús debe ser un tío cojonudo". Después de hacerme cargo de Sencillamente Radio en 2012, he podido tratarle personalmente, y compartir mesa y mantel en almuerzos donde siempre hemos intercambiado impresiones sobre nuestra visión dolorida, pero siempre esperanzada, de nuestra Patria común, de nuestra querida España. No siempre estando de acuerdo sobre el diagnóstico de la situación, ni sobre las posibles soluciones que deberían aplicarse; pero sí de acuerdo, siempre, en el deseo ardiente de que podamos recuperar la España fuerte, unida y fecunda que un día tuvimos, y que nos dejamos arrebatar a cambio de casi nada.

 


Como director del programa, sé que muchos de nuestros oyentes esperan el momento en que Jesús da los "buenos días" y se arranca, sin preámbulos ni adornos vanos, con esa catarata de palabras que se cuelan, casi sin quererlo, en los oídos y en el entendimiento. Con la irreprimible fuerza de la verdad. Con el arrojo del que nada teme. Con la rebeldía del revolucionario que no pelea sólo por lo suyo (forma, en todo caso, legítima de egoísmo), sino que pelea también por el pan, la Patria y la Justicia de todos. A veces me sorprende, otras me impresiona, casi nunca me deja indiferente. Y mientras le escucho, pienso que es una suerte que tengamos, él y yo, todos los que participamos de alguna manera en este debate sin igual, esa bendita libertad que..., ¡quién sabe si durará para siempre, o la perderemos también, en fin, como hemos perdido tantas cosas!

En alguna ocasión (la última, en la presentación de mi libro "España no se vota" en la sede de la Hermandad Nacional de la Vieja Guardia de Falange) Jesús me ha escuchado decir que no me siento falangista porque carezco de espíritu revolucionario. Es verdad. Además, creo que ese espíritu, como otras virtudes, se tienen o no se tienen, porque están imbricadas (o no) en lo más profundo del alma, forman parte de la manera de ser, de entender y de actuar. Yo soy un patriota tradicionalista, con un sentido de la justicia social que entronca con la Doctrina Social de la Iglesia, pero no me siento parte de la gran (y querida por mí) familia falangista. Poco importa, realmente. Porque ellos y yo, Jesús y yo, estamos juntos en otro barco que es mucho mayor y más importante. El barco de la defensa de lo más auténticamente nuestro; de la Fe de nuestros ancestros y de nuestros hijos, de la tierra pródiga que pisamos, de tantos héroes del pasado a los que debemos emular si queremos volver a izar, limpia y ondeante, la bandera rojigualda para ese nuevo Día de la Victoria que nos espera.

 


Gracias, Jesús, por querer que fuera yo el autor de este simulacro de prólogo que he intentado componer. Gracias por tantos madrugones de domingo, dejando enfriarse los churros en el plato mientras tu mujer pacientemente espera (otra vez) que consigas línea e intervenir en la radio para desayunar todos juntos.

 

 

 

Gracias por atreverte a sostener el mástil de la dignidad nacional, ahogada por tanta cobardía y por tanta mediocridad. Gracias por aceptar la amistad de este comunicador que intenta, cada domingo, conseguir el equilibrio perfecto entre muy distintos intereses, pensamientos y emociones de sus oyentes/participantes. Y que a veces, aunque no siempre, sale victorioso de tan ardua empresa.

 


Y gracias también a Enrique Uribe, editor tuyo y mío, por hacer posible la libertad de expresión y de opinión de tantos que nos resistimos a ser paniaguados del poder, y hemos elegido este otro camino, tortuoso a veces pero tan gratificante a la postre, que es el de la resistencia y la rebeldía.

 

 

 

Rafael Nieto

 

Toledo, frente al Alcázar, 12-8-2017

 

Prólogo para el libro "Que no te engañen" de Jesús Muñoz