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Entiendo que hablar y escribir siempre de lo mismo resulte cansino y agotador. Entiendo que muchos de ustedes estén algo más que hastiados del desafío secesionista, del “proces” y de la madre que los parió pero, para desgracia de todos nosotros, esto es lo que tenemos, esto es lo que hay.

 Me resulta difícil encontrar palabras, encontrar adjetivos que describan con exactitud y precisión lo que estamos viviendo en Cataluña en las últimas horas, los últimos días, los últimos años. A la vergüenza ajena, se le suma ahora el bochorno de un parlamento, el catalán, donde el más mínimo decoro exigible para representar a un pueblo, hace ya mucho tiempo que desapareció. Cuando pensamos que nada puede sorprendernos y que el esperpento es insuperable, basta con una nueva sesión del parlamento autonómico para sacarnos de nuestro error. 

Pero si esperpéntica es la situación en Cataluña, su clase política y todos aquellos que están conduciendo a la comunidad autónoma al abismo, no lo es menos el comportamiento de los que tienen la obligación de salvaguardar la unidad de España. La tibieza y la desgana de sus actos, nos hace temernos lo peor. Nos hablan de golpe de estado, de proporcionalidad, de leyes y tribunales, de sentencias y multas, pero nada efectivo que acabe con una situación que puede conducir a la desaparición de España tal y como la conocemos. 

Para ser un golpe de estado, les veo poco preocupados. ¿Dónde está, donde se encuentra nuestro monarca, nuestro Jefe de Estado? ¿Dónde está Felipe VI y su padre el rey emérito? Ni una declaración institucional de la casa real, ni un gesto, ni un comunicado. Parece que es más importante el día del orgullo homosexual y quedar bien con el lobby gay, que la unidad de esto que conocemos como España. Parece que es más importante el viaje a Cuba a visitar y abrazar al tirano comunista de Raúl Castro, que evitar la secesión. 

Hace tiempo que no tengo como meta el intentar entender o comprender lo incomprensible, hace tiempo que no me obsesiona la gilipollez y la tontuna humana. Gobiernos que nos mienten, que nos manipulan, gobiernos parapetados en tribunales y sentencias, gobiernos que, como diría mi amigo Norberto Pico, “paga la munición al enemigo”. Si esto es un golpe de estado y no hacen nada por evitarlo, es que poco les interesa el estado, poco o nada les interesa España. 

Puigdemont tiene razón al afirmar que llevan seis años sin preocuparles las sentencias del tribunal constitucional, como para preocuparles ahora sentencias o fianzas a menos de 25 días de la celebración del referéndum. La sociedad tiene razón al pedirle a Montoro que no amenace a empresas y contribuyentes por pagar a la hacienda catalana; lo que debería hacer es no entregar dinero de todos nosotros a un gobierno autonómico que desea romper España; lo que debería hacer es recuperar las competencias tributarias cedidas. 

Seguimos sin resolver la X de la ecuación: cómo evitar, no ya que se celebre un referéndum que a todas luces es inviable, si no lo que puede suceder el día dos de octubre: la declaración unilateral de independencia. Por cierto, al ejército español, ni está ni se le espera. Mejor seguir preparando a nuestra tropa en el reparto de mantas y alimento, que en la defensa de España. 

 

Javier García Isac