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Que España está hecha unos zorros por causa de sus enemigos internos y los externos (constituidos por esa parte de inmigrantes que sólo asimilan pero que no se integran, mientras la parasitan y quiebran la convivencia pacífica) es evidente.

Pero lo que más duele son esos enemigos internos que son demoliberales, sociatas, podemitas y secesionistas de todo pelaje o color, los miren por donde los miren.

Toda esta podredumbre con todo el poder, manda en todo el cortijo y por ende en todos sus rincones.

Montesquieu fue un imbécil iluso que creyó que la separación de poderes debía caracterizar cualquier sistema democrático, hasta que en España implantaron este sistema plutocrático, bajo una apariencia democrática y se le vino abajo todo su tinglado doctrinal.

Era infinitamente menos descarada la anterior democracia orgánica, que esta basura democrática en la que nos hundimos.

Y así, el único poder, desengáñense que existe en España, es el ejecutivo, dependiendo, todos los demás, legislativo y judicial, de éste.

El ejecutivo transmite las instrucciones políticas y los demás obedecen y callan cuan putas temerosas de perder al cliente, esto es, el puestín.

Y en ésto ha de incluirse al poder judicial, que desde la muerte de El Caudillo ha estado, y ahora más, a las órdenes, cuan esbirro, del ejecutivo.

Tenemos múltiples ejemplos y la lista es muy larga.

El judicial, obedeciendo cuan perro fiel a su amo, el ejecutivo, mantiene en la legalidad a quienes deberían estar ilegalizados (Potemos y partidos secesionistas vascos y catalanes) mientras absuelve a Maestre, a Zapata o a esos pobres diablos perroflautiles titiriteros proetarras traidos por la roja Carmena, tildando sus acciones, a la postre de astracadanadas livaanas e instracendentes, hechas para el regocijo y el solaz de este éstúpido pueblo español, para luego condenar a los únicos que no somos enemigos de España, a los patriotas.

Somos los patriotas, con mayúscula, los que atesoramos la esencia nacional y sólo nosotros, y por tanto, los únicos que deberíamos poder ostentar nuestro gentilicio de españoles y con orgullo.

Todos los demás, en tanto que o la desprecian o reniegan de ella, como enemigos de la misma, no tienen legtimidad alguna para tildarse de españoles.

Una de las últimas especialidades del poder judicial está en castigar todo aquéllo que suponga defender a España frente al insoportable golpismo secesionista con el expreso consentimiento del rojerío patrio, ampararado en la complicidad de la bazoofia demoliberal.

Pronto llegará el día de poner fin a esta tiranía, pues el del hartazgo está ya más que sobrepasado.

Y tras esa tiranía hay renegados. Gente que en su puta vida ha sido demócrata, especialmente cuando no sale lo que quieren, ni lo será. Es gente que odia a España y a los que la defendemos, por muy impolutos, circunspectos y cultos que parezcan. Créanme, ésos son los peores.

De un podemita, de un etarra o de una chica de éstas de las CUP’s todo lo que podremos esperar será malo, pero créanme también, si les digo, que peor son ésos son los trajeados y con aspecto anodino que desempeñan cargos de responsabilidad patria bajo los dictados del ejecutivo.

Todo lo anterior ha servido como introducción a la cuestión mollar de este breve artículo que cómo no, sólo podemos dedicar a los condenados del caso Blanquerna y a todos los patriotas, que aún somos unos cuantos, mal que le pese a todos estos insulsos, paniaguados y serviles sicarios del ejecutivo.

Está claro que la veda se ha abierto frente a las presas patriotas y no frente a los depredadores que anidan, viven y cazan en nuestra Nación, que no es de ellos en tanto la mancillan, pero viviendo eso sí, a costa de ésta, ésto es, de todos nosotros, los patriotas.

Baste leer la infame sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso Blanquerna, para darse cuénta de que las togas no están manchadas, sólo, del polvo camino, sino manchadas con el sudor de la ignonimia de quien sabe que dicta una sentencia política y ejemplarizante, al gusto de la voz de su amo.

 

Es una sentencia contra todos los patriotas y duele y todos sabemos, que, desgraciadamente, tendrá consecuencias y algunas hasta inopinadas.

¿Se imaginan una condena como Dios manda, y no de chirigota para la parásita Infanta Cristina, para el golpista Mas, para los terroristas de Alsasua, para los que queman una bandera patria, para los terroristas secionistas acobardan al resto de España?. Obviamente no.

Si eres enemigo de España, ya por rojo o por separatista, puedes hasta ahostiar a una cría en Murcia, siempre que seas parte de un numeroso grupo de subhumanos greñudos y rogelios o justificar tal acto si eres otro subhumano (si ánimo de insultar a las bestias) del tipo Willy Toledo. Y no te pasará nada.

La justicia ha dejado de estar ciega desde la muerte del Caudillo, donde sí existía una mayor independencia, para estar cegada por las consignas políticas del ejecutivo.

En definitiva, con el Caso Blanquerna, el poder judicial se ha cubierto de toda la ignonimia que sólo cabe esperar cuando la situación es terminal y sin mejora posible. Todo lo contrario.

Defender a España frente a los enemigos de ésta (en ese caso deleznables separatistas catalanes confabulados para más coña en un “Centro Cultural” en Madrid) es delito y ésa es la úna lección que se puede sacar de esa sentencia.

El propio régimen ya ha confeccionado, al dictado, la legislación aplicable correspondiente para ello, de suerte que las penas resultantes son similares a las de esos etarras, que poniendo la bomba en El Pilar de Zaragoza, ven cómo de 14 años, pasan a 4, y aquí, no ha pasado nada.

Es decir, se equipara a unos etarras delincuentes con unos patriotas defensores de la unidad de España frente a los actos golpistas separatistas.

Por el Caso Blanquerna pagarán algunos patriotas, pero la historia es imprevisible e inextricable, y no sería extraño que los que juzgan fueran juzgados y que los verdugos fueran ejecutados.

Ante esta ignonima no cabe ni olvido ni perdón.

Es una sentencia no sólo contra los condenados, si no contra todos nosotros, los patriotas.

Quienes estando al servicio de la justicia se ponen al servicio de fines bastardos y espúreos del ejecutivo, sólo tienen un nombre y su final no será nada glorioso en tanto la injusticia pesa sobre sus conciencias, que también la tienen, por cierto, y muy a su pesar.

Recuerden, todos los patriotas han sido condenados y sólo cabe o acatar, por ahora, o rebelarse.

 

Llegará el tiempo de la rebelión ante la tiranía.

Edu Morato

Extraído de http://www.alertadigital.com/2017/01/28/caso-blanquerna-o-la-ignominia-del-metodo/