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La Transición española fue un proceso pilotado por el Rey y por Suárez, aceptado mansurronamente por las entonces todavía fuerzas vivas del franquismo, y teledirigido por comunistas y socialistas. El objetivo principal era demoler el edificio nacional, construido por el anterior Jefe de Estado, hacer desaparecer cualquier resto de catolicismo en España y poner a nuestro país en la senda del liberalismo progre y ateo que ya era paisaje habitual de la Europa de los setenta. En definitiva: la izquierda ganó en las instituciones la guerra que había perdido en las trincheras....Leer el artículo completo...

 

Como digo, fue Juan Carlos de Borbón quien, tras jurar fidelidad eterna a los Principios Fundamentales del Movimiento, se prestó encantado a conducir a España exactamente al punto en el que se encuentra en estos momentos. Sin él y sin Suárez, el PCE no hubiera sido, probablemente, legalizado y Carrillo no hubiese entrado en España con peluca tras muchos años huyendo de los que le recordaban su episodio en Paracuellos. Sin él y sin Suárez, los separatistas catalanes y vascos seguramente no habrían logrado el privilegio inmerecido de tener siempre al resto de España agarrada por el arco del Triunfo.

En afortunada expresión del semanario Cambio 16, nuestro Borbón fue el "piloto del cambio" y la llave maestra de la reforma política que nos ha traído la democracia. Y curiosamente, hoy, casi 40 años después, el rey de España vuelve a protagonizar una operación conducente a que los dos grandes partidos, PSOE y PP, sigan manteniendo la hegemonía en la representación política de los españoles, en un momento en el que los ciudadanos no están precisamente entusiasmados con su forma de hacer las cosas. 

Rubalcaba es un boxeador sonado con un pasado para echarse a temblar, que tiene el estigma del zapaterismo, de su portavocía con los GAL de Felipe González, del siniestro episodio del chivatazo en el caso Faisán (sobre el que sigue sin dar explicaciones) y, sobre todo, de una forma lamentable de entender la política según la cual "vale todo" con tal de conseguir votos: también apelar a los más bajos instintos humanos. También recordar lo más doloroso de nuestra reciente historia, debidamente manipulado, por supuesto.

Rajoy, por su parte, llegó a la presidencia con una imagen de hombre serio y poco dado a disparates que, en un año y medio de gobierno, ha perdido buena parte de la abrumadora confianza que obtuvo en las urnas. Cierto que se enfrentaba a un país en ruinas. Pero no menos cierto que, si en el apartado económico ha empezado la casa por el tejado (haciendo pagar a las clases medias las consecuencias de la crisis, en lugar de poner fin al disparate autonómico), en el terreno moral y de los valores su actitud, y la de su partido, no ha podido ser más decepcionante.

Así las cosas, ha sido personalmente don Juan Carlos el que, con la colaboración del Consejo de Estado, ha promovido dos pactos entre Rajoy y Rubalcaba que, hace solamente unas semanas, parecían imposibles: la defensa de los intereses de España en la próxima reunión de la Cumbre Europea, el día 27 de junio, y la reforma de la Administración Pública, aprobada este viernes en Consejo de Ministros, que prevé ahorrar al Estado la nada despreciable cifra de 37.700 millones de euros hasta el año 2015.

De momento, el pasado jueves se reunieron en Moncloa los dos principales líderes políticos del país. Aunque Rubalcaba haya querido quitar importancia a la foto, dando a entender que se trata sólo de un acuerdo puntual, para el viejo zorro socialista el encuentro es árnica con polvo de oro. Y lo sabe. Porque a fuerza de leer encuestas que daban a su partido, a medio plazo, una posición residual en el panorama político español, se ha debido de convencer de que sólo con el "váyase, señor Rajoy" no iba a conseguir remontar el vuelo. Ya veremos lo que le depara la foto de Moncloa, porque Madina tiene prisa por heredar.

Pero, al margen de lo casi extravagante que resulta ver a Rajoy y Rubalcaba juntos, en actitud constructiva, en vez de dedicándose toda suerte de improperios, lo relevante del asunto es el nuevo papel que ha decidido adoptar el monarca, y que, de alguna manera, retoma el protagonismo que tuvo en la nunca bien ponderada Transición. Don Juan Carlos no se conforma ya con ser solamente un símbolo de estabilidad institucional, sino que se ha decidido a bajar a la arena. Sin duda, el escándalo del caso Noos y las acusaciones contra la Infanta Cristina tienen mucho que ver en ello.

¿Es bueno que se potencie el bipartidismo? ¿Es verdad que en España no pueden gobernar nada más que dos partidos, el PP y el PSOE? ¿A quién beneficia más esta política de pactos? ¿Y qué espera exactamente el rey al asumir un papel tan destacado en el lavado de cara de la democracia liberal, en plena crisis económica y en medio del descontento general? Lo cierto es que la clase política de nuestro país pelea duramente con la judicial por ser el colectivo más desprestigiado de cara a la opinión pública.

Rafael Nieto es el director del programa de debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, Internet: www.radiointer.com ), y en el que participan habitualmente distintos militantes del Sindicato TNS.